Una semana, 7 días, 168 horas, 10080 minutos, 604800
segundos. Ese es el tiempo que pasó desde que Miguel revivió hasta el día de
hoy, el día en el que volveré a verle. El solo hecho de saber que está detrás
de la puerta que tengo enfrente hace que todo parezca una mentira, que esa
puerta no exista, que Miguel siga bajo tierra, que realmente Lorenzo lo haya
asesinado hace años y que mi vida continúe como siempre fue. Pero nada de eso
va a pasar, porque Miguel está vivo y está detrás de esa puerta.
Tendría que llamarla a Carolina, para que se enterara por
mí y no por la prensa, pero ella ya no está aquí, ya hace una semana que vive
en Colombia, y les hice prometer a los chicos que no hablarían del tema con
ella. Siento que la mentira se agranda a cada segundo que pasa.
Mi mano se extiende hacia el picaporte, lo tomo con miedo y
lo hago deslizar lentamente hasta que la puerta de abre, del otro lado hay un
cuarto blanco, parece una celda, y es lugar en donde Miguel está haciendo terapia
para recuperarse del trauma de haber sido secuestrado durante 20 años solo
porque a algún loco se le apetecía juguetear con su cuerpo. Está frente a mí,
está igual que siempre, y tan solo ahora veo lo parecidos que somos a esta
altura de nuestras vidas, los ojos verdes, el pelo castaño claro, las arrugas
en el rostro son casi las mismas. Lo miro a los ojos y el me responde con la
misma mirada, con los ojos llenos de lágrimas corre hacia mí y me abraza.
“No puedo creer que estés acá” dice mientras me aprieta
contra su cuerpo, “Yo menos hermano, yo menos” le respondo mientras mi cerebro
procesa cómo reaccionar al abrazo, “Pensé cada día en vos, en los chicos, en
Carolina, no podía dejar de pensar en cada uno de ustedes” y con esa frase se
me hiela la sangre. Miguel obviamente no sabe que yo y Carolina estamos
casados, y menos que menos que tenemos hijos juntos. Son de esas cosas que uno
no sabe bien como contarlas, pero lo importante es hacerlo lo antes posible…
“Miguel, hermano, tengo que contarte algo” le digo con la
voz seca, “¿Qué pasa?” me pregunta sin ni siquiera sospechar lo que le voy a
decir, “Carolina y yo… va a ser mejor que te sientes”
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