miércoles, 11 de diciembre de 2013

Capítulo 9: Reencuentros

Una semana, 7 días, 168 horas, 10080 minutos, 604800 segundos. Ese es el tiempo que pasó desde que Miguel revivió hasta el día de hoy, el día en el que volveré a verle. El solo hecho de saber que está detrás de la puerta que tengo enfrente hace que todo parezca una mentira, que esa puerta no exista, que Miguel siga bajo tierra, que realmente Lorenzo lo haya asesinado hace años y que mi vida continúe como siempre fue. Pero nada de eso va a pasar, porque Miguel está vivo y está detrás de esa puerta.
Tendría que llamarla a Carolina, para que se enterara por mí y no por la prensa, pero ella ya no está aquí, ya hace una semana que vive en Colombia, y les hice prometer a los chicos que no hablarían del tema con ella. Siento que la mentira se agranda a cada segundo que pasa.
Mi mano se extiende hacia el picaporte, lo tomo con miedo y lo hago deslizar lentamente hasta que la puerta de abre, del otro lado hay un cuarto blanco, parece una celda, y es lugar en donde Miguel está haciendo terapia para recuperarse del trauma de haber sido secuestrado durante 20 años solo porque a algún loco se le apetecía juguetear con su cuerpo. Está frente a mí, está igual que siempre, y tan solo ahora veo lo parecidos que somos a esta altura de nuestras vidas, los ojos verdes, el pelo castaño claro, las arrugas en el rostro son casi las mismas. Lo miro a los ojos y el me responde con la misma mirada, con los ojos llenos de lágrimas corre hacia mí y me abraza.
“No puedo creer que estés acá” dice mientras me aprieta contra su cuerpo, “Yo menos hermano, yo menos” le respondo mientras mi cerebro procesa cómo reaccionar al abrazo, “Pensé cada día en vos, en los chicos, en Carolina, no podía dejar de pensar en cada uno de ustedes” y con esa frase se me hiela la sangre. Miguel obviamente no sabe que yo y Carolina estamos casados, y menos que menos que tenemos hijos juntos. Son de esas cosas que uno no sabe bien como contarlas, pero lo importante es hacerlo lo antes posible…

“Miguel, hermano, tengo que contarte algo” le digo con la voz seca, “¿Qué pasa?” me pregunta sin ni siquiera sospechar lo que le voy a decir, “Carolina y yo… va a ser mejor que te sientes”


domingo, 24 de noviembre de 2013

Capítulo 8: Zombie

El teléfono sonó y sonó durante toda la mañana. Pero Lorenzo no lo respondió. Estaba muy ocupado cocinando, y si hay que pensar que la última vez que cocinó en una casa fue hace 24 años vale la pena dejar sonar el teléfono. Su vida fue bastante confusa en los últimos años, además de ser cada día lo mismo. Su último recuerdo de libertad fue cuando luego de una fiesta decidió entrar al cuarto de su mejor amigo de aquel momento Miguel Ángel para hacer las paces por una pelea que habían tenido esa misma mañana, lo recordaba como si hubiera sido ayer. Pero de ese cuarto jamás salió, ya que se encontró con el cadáver de Miguel y como si fuera poco lo arrestaron a él por acusación de Mirko.
Esos momentos de libertad le giraron en la cabeza hasta que a finales de los años 90 conoció a Cristian, el “Chiqui”, en la prisión y con quien descubriría un lado de sí mismo que no conocía. Tres años luego al “Chiqui” lo liberarían y a él le quedarían 13 años más, así que decidió contarle donde estaba la plata que mantenía guardada, confiando ciegamente en un convicto, para que construyera la mansión en la que ahora vivían los dos. Una historia de amor gay de esas que solo en las novelas parecen posibles y que para Lorenzo termina de la mejor manera. Pero es entonces que el “Chiqui” levanta el tubo del teléfono para encontrarse con la voz del gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Al escuchar temblar a alguien tan poderoso comparado con ellos hizo que se alarmara y dudara si lo volverían a meter preso, Lorenzo tardó unos segundo a contestar ese “Hola” dudoso. Pero tan solo unos segundos después de silencio el tubo del teléfono cayó al suelo y Lorenzo admiro entre lágrimas a su novio que no entendía absolutamente nada. “¿Qué pasó?” preguntó el Chiqui, “Ese hijo de mil puta está vivo, lo tuvieron secuestrado durante estos años, y la semana pasada lo soltaron… y estos otros hijos de puta del gobierno me van a dar un maldito cheque en blanco por daños hacía mi persona” <Típico del gobierno, querer arreglar las cosas con plata> pensó el Chiqui mientras escuchaba la voz de su pareja entre lágrimas llenas de dolor e ira. Sus vidas cambiarían, eso era más que seguro, pero no se podían ni imaginar cuánto.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Capítulo 7: Música de salvación

Abro la puerta del garaje al igual que todos los años para encontrarme con la misma imagen, nuestros instrumentos viejos. A mi lado Juan admira con nostalgia el garaje en donde todo comenzó, le da la mano a Yiyi y se la lleva a su boca para besarla, está conmovido, todos los años se conmueve al ver el garaje. A mi derecha mi madre también se queda sin decir nada ante la imagen de los objetos de su difunto hijo, su guitarra está posaba en el centro de la habitación, al lado del micrófono que usó tantos de aquellos jueves de ensayo para cantar. Con paso lento me acerco a aquel preciado objeto, lo acaricio con las manos y me imagino a mi hermano utilizándolo para cantar, con esa voz que lo había llevado al éxito.


Los archivos policiales fueron poco claros, sobre que fue bien lo que pasó. Una serie de llamadas de diferentes teléfonos celulares y otros públicos advertían de manera confusa y con variaciones el mismo hecho. Una furgoneta blanca de patente desconocida había lanzado en el medio de la avenida Nueve de Julio en Buenos Aires, a un hombre completamente desnudo, herido y con los ojos vendados. Un horror para todos lo que lo vieron ya que la confusión del momento fue muy grande. La inspectora Gutierrez admiraba la cantidad de papeleo que ya tenía el hecho sobre su escritorio, y eso que había ocurrido hace menos de una hora. Entre unos catorce llamados y declaraciones en el lugar tendría que comenzar a leer y pulir lo que realmente pasó, porque en este país a la gente le gusta mucho mentir y exagerar los hechos con imprecisiones que pueden terminar llevando el caso por un rumbo equivocado.


Tomo la guitarra y comienzo el arduo trabajo de afinarla, para que luego de una buena manchada de segundos comienzo a tocar, Juan me acompaña con la batería, Pedro, un chico de barrio que todos los años nos acompaña en este ritual, toca el bajo y así juntos comenzamos a formar una melodía única, al igual que cada año, una melodía distinta para recordar a Miguel en día de su muerte, para recordar su felicidad, para recordar aquellos años de éxito y sobre todo para rezar que esto que estamos viviendo sea tan solo un sueño, que al despertar tengamos 20 años y Miguel siga a nuestro lado. Para pedir que él siga con vida.


La inspectora entra en el cuarto blanco en donde el hombre tapado con una manta, sucio, herido y con una taza de mate cocido, que aún no toco, frente a sí mismo. Lo observa con cuidado, hace una hora y media que apareció en este mundo y no tienen ni la más pálida idea de quien se trate, buscaron en todo tipo de archivo habido y por haber de gente desaparecida en los últimos años pero nada. “Señor, lamento tener que hacerle estas preguntas, pero nos gustaría saber ¿quién es usted? Y ¿Qué fue lo que le ocurrió?” pregunta la inspectora sentada frente al hombre que tiembla solo al pensar. “¿Qué me pasó? Me encantaría poder decírselo, los últimos días de mi vida me la pasé en un galpón sucio y frio, conviviendo con mi proprio excremento y siendo violado por una manada de psicópatas” dice con los ojos entre lágrimas “No tiene ni idea lo que tuve que pasar porque gente como usted no lograban encontrarme, gente incompetente” se abalanza sobre la mesa para acercarse a la inspectora “¿Alguna vez le rompieron el culo inspectora? No ni idea del dolor que se siente, después te acostumbras, a todo, al olor a mierda, de tu propia mierda que recubre el piso, al frio en el invierno, a las violaciones, al dolor, a todo, pero le puedo asegurar que cada día de mi vida le pedía al señor que me matara, que me sacara de ese infierno asqueroso en el que me tocaba vivir, llegué a dudar si aún estaba con vida, a ellos nunca les vi las caras, usaban mascaras de chancho, así que aunque quisiera o podría ayudar a encontrarlos. Ahora dígame, ¿cómo me van a ayudar ustedes?”. 

La inspectora se le queda mirando, por primera vez en su vida se encuentra frente a un caso tan shockenate como el que tiene en frente, un hombre adulto, secuestrado desde hace meses posiblemente, siendo violado por personas con mascara de chancho, <hoy en día no se puede si salir a la calle> piensa la inspectora intentando darle un toque de humor a la cosa, pero sabe que es imposible, es demasiado fuerte a lo que se enfrenta. “Señor voy a necesitar que me de sus datos” dice mientras saca un iPad de entre medio de los papeles. El hombre observa la Tablet con desconfianza, “¿Qué es eso?” pregunta el hombre con temor al aparato que obviamente desconoce “¿Qué cosa?” pregunta sin comprender la inspectora “Eso que tiene en las manos ¿Van a matarme no? O ¿Ya estoy muerto? ¿Qué es eso? ¡¿Qué quieren de mí?!” grita el hombre que está prendido al pánico. La inspectora toma su iPhone y marca el número de su superior más directo “Señor, será mejor que venga, tengo algo que le va a interesar mucho” corta y luego se dirige al hombre malherido, “Señor, necesito que me diga su nombre”.


Mi nombre es Miguel, Miguel Ángel Posta”




Capítulo 6: La mirada desesperada

La imagen de Carolina se refleja en el espejo del auto, ve su pelo ondulado decaído y mal arreglado posarse sobre sus hombros, su ropa color beige perfectamente combinada por ella misma y su anillo de casada, un anillo que lleva desde hace más de 20 años.

Aquellos viejos momento de música, risas y excesos variados en su vida quedaron totalmente en el olvido, y aunque la repase todos los días no logra encontrar en que momento la desesperación entró a su vida. Debe de haber sido cuando Miguel Ángel murió, o cuando se acostó con Mirko por primera vez, y permitió que su semen invada todo su cuerpo, o cuando semanas luego le mintió y le dijo que estaba embarazada de él, cuando en realidad se trataba de un embarazo anterior con Miguel, o puede que la desesperación haya ingresado en su mundo en el mismo momento que dijo “Sí quiero”. No lo sabe, pero lo que sí sabe es que cada vez que sentía ese sentimiento lo cambiaba inmediatamente por otro. Porque no hubo solo desesperación, Carolina logró terminar la universidad y encontrar un trabajo estable, se podría decir que siguió con su vida abandonando los pensamientos de aquel pasado desesperado.

El vehículo se detiene en un semáforo, Carolina se asoma por la ventanilla para respirar aire, ve el estacionamiento de un supermercado, y en el medio una familia de clase media baja saliendo del local con un enorme colchón dos plazas. Lo llevan hacia su auto,  un vehículo de segunda mano, viejo y con la pintura a medio salir, atan el colchón en el techo con cinta, mientras la pequeña de la familia festeja llena de felicidad, la misma felicidad que se ve en los ojos de sus padres, que atan el colchón con alegría entre risas, a ellos no les importa que su auto sea viejo, que su ropa sea fea y posiblemente tampoco que la enorme cantidad de colores que llevan no estén combinados de ninguna manera, son felices y punto, la alegría que se ve en sus caras, esa alegría sincera, esa alegría Carolina sabe que jamás la tendrá, porque su alegría murió hace años, y sabe que podría haberla recuperado, pero prefirió taparlas por mentiras y secretos que posiblemente jamás revelará.

Pero ya nada de todo aquello importaba, porque Carolina se estaba yendo, se iba  a ir dentro de unas horas lo más lejos posible, Colombia solo ida, y no tenía miedo de dejar a toda su familia, y es más tenía pensado dejarle una carta a su esposo diciendo que nunca o quiso, pero ahora que está mirando a esa familia sabe que esa felicidad también está en los ojos de Mirko cuando la mira, y no podría ser tan cruel de blanquear algo que los dos sabían que estaba entre líneas. El semáforo se pone en verde, el acelerador se aprieta y el auto arranca, ella no sabe si en Colombia encontrará la felicidad, pero lo que si sabes que se alejará de la desesperación.


miércoles, 30 de octubre de 2013

Capítulo 5: Alas

Mis ojos se des nublan, la imagen se hace cada vez más clara, veo a mis compañeros sonriéndome, parecería una imagen normal si no fuera porque todos tienen alas y están inmortalizados a los 20 años, la misma edad en la que la banda finalizó, exactamente hace 26 años. Me sonríen con alegría, pero sus rostros cambian, se llenan de miedo y decepción al mismo tiempo y cada uno de ellos comienza a recorrer un camino distinto. Al voltearme me veo a mi mismo abrazando a Carolina en el pasillo del hotel, tan jóvenes, llenos de sueños, pero sobretodo esa noche, llenos de miedo.
Mis pies comienzan a sentir el frio del agua y reacciono abriendo los ojos, soñé otra vez lo mismo, desde que tengo memoria, cada vez que duermo, aunque sea lo más mínimo tengo ese sueño, me representa a Carolina y a mí la noche de la muerte de Miguel Ángel. A veces me pregunto si se trata de algún tipo de señal, si mis recuerdos me llevan a aquella noche ¿Será porque algo escapó a mi vista? ¿No noté algo que debería haber notado? Pero esas preguntas no tienen sentido, las señales en los sueños no son más que cuentos para niños, los sueños son simplemente sueños.

Saco los pies de la piscina y me levanto del suelo, el parque está más bello que nunca, y el calorcito de principios de verano hace que me sienta mucho mejor, me siento completo durante esta maravillosa estación. Me envuelvo en una toalla y entro en la casa, veo las valijas y me cuesta creer que Carolina se vaya.
En realidad me cuesta creer que en algún momento nos amamos, creo que nuestra verdadera conexión comenzó con aquel abrazo el día de la muerte de Miguel. Dos semanas luego nos besamos por primera vez, y en esa misma cita hicimos el amor. Me pareció bastante violento hacerlo en la primera cita con beso, pero ella prácticamente se me tiró encima. Pasó tan solo una semana para que lo supiéramos, Carolina estaba embarazada. Se llamaría Santiago, su nacimiento sería el día más feliz de toda mi vida y puedo asegurar que jamás había visto una criatura tan hermosa en este mundo, aunque mi relación conmigo no sea la mejor en este último tiempo siento una parte de mí en su interior. 6 años después llegaría nuestro segundo hijo, una niña, Romina, la luz de mis ojos, desde siempre logra convencerme de todo, hasta logra meterme en contra de su madre, debe ser ese toque de sentimentalismo que heredó de mí carácter.

El día de hoy siento que ellos sean lo único que hace que Carolina y yo no nos separemos, la conozco muy bien y si se me llegaría a pasar la idea de dejarla se encargaría de hacer lo imposible para tener la custodia completa y no dejarme ver a mis hijos ni en figurita. Se había convertido en una mujer con poder, trabaja para una importante empresa de seguridad internacional, y es la gerente de Latinoamérica, maneja una cantidad de empleados muy importante y demasiadas responsabilidades, así que la vemos relativamente poco, pero ambos sabemos que rehízo su vida gracias a las ganancias que nos dio la banda, y podría vivir sin trabajar si quisiera, al igual que yo. Pero prefiere gastar su tiempo en actividades y no permanecer todo el día junto a su familia. Además si ella no trabajara nuestro modelo de vida tendría que descender de una manera brutal en muy poco tiempo. Y los chicos no tienen que sufrir por un capricho de sus padres. Aunque si en este momento lo estén sufriendo. Carolina se va.


Hace unos meses llegó un mail para mi mujer, se trataba de una propuesta bastante tentadora de trabajo, con un muy buen sueldo, dentro de la misma empresa, pero había que realizar un traslado, nunca creímos que se lo tomaría en serio, pero Carolina aceptó, y hoy llegó el día, Carolina se va a Colombia dentro de unas horas, y como si fuera poco es el aniversario de aquel trágico día en el que Miguel murió, esta fecha no va estar dentro de mis buenos pensamientos…


lunes, 28 de octubre de 2013

Capitulo 4: Mentiras Piadosas

Carolina estaba no sabía qué hacer, su vida realmente estaba totalmente perdida, no podía moverse al ver a su novio, ¿O tendría que definirlo como ex novio?, muerto degollado en el suelo de aquella habitación de hotel. A unos metros del cuerpo su cuñado, ¿O ex cuñado?, le pegaba tortazos en la cara a Lorenzo, no entendía porque pero suponía que… sí, Lorenzo tenía que ser el asesino de su novio. “Estoy perdida” pensó mientras se imaginaba su vida de madre soltera, y posiblemente pobre, ya que la banda sin Miguel Ángel se fundiría, al igual que la mayoría de las bandas, y sus padres no la aceptarían embarazada  sin un hombre al lado, además aunque hubieran querido no podían mantener a ambos.

 No podría concentrarse en sus ideas de un futuro arruinado así que empezó a gritar “¡Basta!” y Mirko recién entonces notó que ella estaba en la habitación, no sabía qué hacer, Carolina continuó maquinando mientras los hombres discutían, pensó en lanzarse por la ventana que estaba en el cuarto, estaba en el séptimo piso así que moriría seguramente, o al menos perdería el bebé, intentó borrar ese pensamiento suicida de su cabeza, y decidió hacer un poco más útil, salió de la habitación y entre lágrimas llamó a la policía por el teléfono que se encontraba en el pasillo, luego al entrar amenazó a Lorenzo con la llegada de las fuerzas, no podía pensar con tanto ruido, estaba completamente atontada por todo lo que le estaba pasando.

Intentó repasar los hechos, la prueba de embarazo, el muerto, descubrir que el asesino es un íntimo amigo de ella, y además el hombre con el cuál años atrás había tenido una aventura de una sola noche, ver a su cuñado (ex cuñado) machacando al asesino como nunca antes y el llamado a la policía. Su mente se paralizó en un solo pensamiento, el cuñado.


Mirko estuvo enamorado de ella desde siempre, y eso no era un secreto, él era siempre muy cariñoso y amable con ella, pero su corazón pertenecía a Miguel y eso era de público conocimiento. Pero entonces su mente comenzó a maquinar una vez más, la policía entró en la habitación e interrumpió su mente. Dudo de hace cuánto tiempo estaba pensando y se acercó a Mirko, le tomo por un brazo e hizo que el la abrazara. No sería difícil hacer que Mirko se acueste con ella y luego darle el cargo de su hijo, la idea de prostituirse durante unos años hasta conseguir algo mejor no era nada complicada, además si su único cliente es un joven que muere por ella desde los 13 años. Apoyó su cabeza en los hombros de su nueva víctima y se dispuso a mirar cómo se llevaban al causante de la muerte del hombre que ella había amado con locura.


Capítulo 3: El asesino

Mi mirada seguía paralizada en el cuerpo de mi hermano, degollado en el suelo, sin vida. No podía dejar de ver su expresión de horror, sus cuerpo ensangrentado, sus ojos en blanco, su vida ya no corría por su cuerpo, ese que yo veía allí ya no era mi hermano, si no que un cuerpo sin vida, el cuerpo que alguna vez llevó el alma de una gran persona, o al menos quien fue una gran persona para mí.

Comencé a recorrer su cuerpo con la mirada, desde la cabeza hasta los pies, y sólo cuando llegue a sus últimas extremidades noté que no estaba sólo en la habitación, Lorenzo estaba allí.
Sentado en un sofá, repleto de sangre, llorando, una imagen que me paralizo una vez más. Era más que obvio lo que había ocurrido allí, alguna de esas discusiones de siempre con mi hermano había llegado a más, y la violencia entró en juego, y la violencia sacó de juego a mi hermano que ahora yacía muerto entre su asesino y mi cuerpo.

-Mirko, no es lo que parece, te lo juro, cuando llegué él ya estaba aquí, ¡tenés que creerme!- dijo el asesino entre lágrimas.

-No te creo una mierda Lorenzo, fuiste vos, sos una basura, ¡lo mataste! ¡Hijo de puta, mataste a mi hermano!- me tire contra él, y comencé a pegarle, no se resistió, parecía que prefería que le pegará hasta matarle en vez de hacerse cargo de sus actos.

-¡BASTA!- gritó una voz detrás mío, me voltee lentamente para ver a Carolina llorando, estaba destruida, y me miraba con impotencia, en ese momento me pregunté que se sentirá ver a la persona que uno amó degollada en el piso de una habitación de hotel, y lo aún peor, ver a su asesino en ella también. - Déjalo Mirko, la policía ya está llegando, ya los llamé.

-¡Tienen que creerme por favor! ¡Yo no tengo nada que ver con esto! Carolina por favor- suplicaba el asesino entre lágrimas.

-¡Déjala en paz! - grité y le di un buen puñetazo en el medio de la cara, la verdad es que aún hoy no sé de dónde saqué la fuerza.- quiero que me mires y me digas que realmente no fuiste vos.- le dije con la mirada fija en sus ojos repletos de muerte y lágrimas.

-No fui yo Mirko, te lo juro por todo lo que amo.- dijo, y por un segundo nuestras miradas se cruzaron, y entonces por ese segundo noté que decía la verdad, que tenía miedo, vi en sus ojos la verdad.

Iba a acercarme a él cuando la policía entró en el cuarto, Carolina me agarró del brazo y les indicó a Lorenzo como el asesino. No sabía qué hacer, el muy cabrón había logrado hacerme creer por un segundo que él no era el asesino, pero no se podían dudar en los hechos, y los hechos lo demostraban como culpable. "Mirko, por favor" me dijo de cerca mientras lo esposaban, no pude mirarlo a los ojos, ambos sabíamos que me había convencido y que yo me había acobardado, las dudas me mataban, es en ese momento que se lanzó contra mi cuerpo y vacilando usó sus últimas palabras de libertad para decirme algo que hasta el día de hoy me deja con la duda, una frase que jamás podré descifrar en ese contexto.

"Hasta el ángel favorito de dios se convirtió en demonio al final"

No supe que responder, tan solo me quede mirando mientras se lo llevaban, esposado, se lo llevaban lejos, Carolina se agarró de mi brazo, no sabía que decir para consolarla, su gran amor estaba muerto, ¿Eso significaba que ahora podríamos tener una historia juntos? ¿Iría en contra de los códigos con mi hermano muerto? ¿Tenía códigos con mi hermano muerto? No sabía que pensar, tan solo la abracé por la cintura y la pegué a mi cuerpo, para que se sintiera segura, ella apoyó su cabeza contra mis hombros, y permanecimos así mientras se llevaban a Lorenzo, se llevaban al asesino de mi hermano. 


sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 2: La caída de Carolina

La parálisis facial momentánea que mantenía una mueca de miedo y asco a la vez en el rostro de Carolina no la dejaba pensar, hacía ya 3 minutos que se había quedado mirando el test de embarazo, y no podía creer que hubiera dos rayitas en él.

Desde que su carrera como corista de “Los Ángeles”, la banda encabezada por su novio, había comenzado a ascender, los excesos no venían solos, y los profilácticos no estaban siempre a portada de mano. Un error irremediable. Comenzó a crear en su mente una lista de pros y contras mientras se imaginaba a su futura familia en las tapas de los diarios, se veía a ella misma sonriendo a las cámaras con un niño en brazos… ¿O niña? No sabía, y la verdad que en ese momento tampoco le importaba.


Se sintió una mala persona durante esos segundos, un hijo tendría que ser un momento de felicidad, pero ella era demasiado joven y no pretendía tenerlo ahora, en el medio del éxito como cantante. Su corazón latía cada vez más fuerte,  con todas sus fuerzas alejó la mirada del test para mirarse en el espejo del baño. Se encontró con una joven muy bonita que la miraba fijamente, parecía cansada y tenía el maquillaje corrido, se notaba que venía de una fiesta en la cual posiblemente la había pasado muy bien. Pero entonces Carolina comenzó a llorar, corrió su melena enrulada hacia un costado y siguió llorando, silenciosamente dentro del baño. No sabía qué hacer, su mundo cambiaría muy rápido en los próximos meses.

Es entonces que volvió a mirar su rostro destruido por la fiesta, y entendió que su mundo cambiaría no se destruiría, salió del baño y con un paso firme  comenzó a caminar hacia el cuarto de su novio, el pasillo parecía interminable y no sabía bien que iba a decirle, pero si había algo que sabía, que pase lo que pase ellos estarían juntos, porque Miguel Ángel jamás la abandonaría en un momento como ese. Una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a su cuñado en la puerta del cuarto, Mirko estaba parado frente a la puerta, intentando abrir la puerta, pero la borrachera se lo hacía difícil, ella se le acerco amablemente, pero él no la vio, ya había conseguido abrir la puerta y estaba casi dentro del cuarto.


Y en esos segundos su mundo realmente se derrumbó, Miguel Ángel estaba en el cuarto, tirado en el suelo, bañado en sangre con el cuello degollado y aparentemente sin vida. Carolina vio su vida pasar por sus ojos en gran velocidad, sus primeros recuerdos con Miguel en la infancia, los jueves de ensayo para la banda, la primera vez que hicieron el amor en el Falcon de su padre, el éxito y los excesos, las fiestas, las luces, los conciertos, personajes famosos, Charly, Fito, los chicos de Soda Estéreo y sobre todo la felicidad de cada uno de esos momentos, una felicidad que hacía unos minutos ya no estaba en este mundo.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Capítulo 1: Ángeles de los 80

Las luces, los aplausos, los gritos, las miradas, fue difícil acostumbrarse a todo aquello, pero lo habíamos logrado, estábamos en la cima, para serte totalmente sincero me cuesta entender todavía como empezó todo.

Mis  últimos que recuerdos de mortal son estar ensayando en el garaje de casa como lo hacíamos todos los jueves, los mismos de siempre, Miguel Ángel, nuestro cantante y mi hermano mayor, un hombre admirable, y ni hablar que hace sobre las mujeres…

Juan, el baterista, siempre le gustó la buena vida, el alcohol y el sexo eran sus mejores amigos, “Los excesos me llaman” solía decir, tenía un amor imposible por una chica del barrio, la más hermosa según él, pero no lo era, Yiyi era solamente la chica con mejores curvas, la más hermosa era Carol.

Carol, la recuerdo en aquella época y se me pone la piel de gallina, tan bella, joven y sonriente, con su melena rubia cayendo sobre sus hombros y su voz angelical, era la corista del grupo, todos la queríamos, y es inútil aclarar que desde siempre le tengo un cariño especial, pero ella no sentía lo mismo, estaba muy ocupada estando detrás de mi hermano mayor, Miguel Ángel también la tenía hipnotizada a ella.

Pero si hay que hablar de un dios en la banda, ese no era Miguel Ángel, era Lorenzo, tocaba la guitarra, era un mago con los dedos, lograba componer todo tipo de melodía sin desafinar ni una sola nota, era uno de esos músicos que nacen con el talento.

Y por último estaba yo, Mirko, el bajista, yo era consiente que estaba en esa banda porque no habían conseguido a otro, y porque mi madre lo había obligado a mi hermano a que esté. Pero al final encontré mi lugar con los demás, y los jueves se convirtieron en algo casi sagrado en aquella casi vacía.

En ese momento no éramos nadie, éramos mortales, simples, nadie nos conocía más allá de alguna que otra fiesta de 15 o casamiento, pero entonces ocurrió, ese jueves, ese último jueves que pasamos ensayando Lorenzo llegó tarde, y con su atraso llegaron noticias, nos habían llamado, querían probarnos en una discográfica, y ese fue mi último recuerdo como mortal, porque lo que vino después no se compara con nada de lo anterior.



Conciertos, fiestas, presentaciones, discos, famosos, hoteles, ciudades, aviones, luces, aplausos, autógrafos, gritos, mujeres, y sobre toda las cosas, dinero, todo el dinero del mundo en nuestras manos. Todos nosotros encontramos lo que siempre soñamos, Miguel se compró la moto que siempre quiso, y se encargó de que Carol tenga las mejores joyas, y aunque me pese también se encargó de meterle los cuernos de manera monumental. Juan consiguió todo el alcohol y sexo del mundo, y ante todas las cosas a su amada Yiyi. Lorenzo logró viajar a Estados Unidos y comprarse la guitarra con la que soñaba día y noche en su vida de mortal, y yo, o logré mi sueño más añorado, lograr que la hipoteca con la que mi padre nos dejó sea saldada y mi madre pueda vivir una vida sin presiones.


Todo era perfecto, bueno lo había sido hasta hace exactamente 15 segundos, que fue el tiempo que tarde en recorrer el pasillo del hotel hasta nuestro cuarto, intentar abrir la puerta con más de 2 botellas de champagne en sangre y encontrarme con la imagen más horrenda de toda mi vida. Mi hermano, Miguel Ángel, el cantante y estrella número uno de la banda, yacía muerto en el suelo, degollado.