Abro la
puerta del garaje al igual que todos los años para encontrarme con la misma
imagen, nuestros instrumentos viejos. A mi lado Juan admira con nostalgia el
garaje en donde todo comenzó, le da la mano a Yiyi y se la lleva a su boca para
besarla, está conmovido, todos los años se conmueve al ver el garaje. A mi
derecha mi madre también se queda sin decir nada ante la imagen de los objetos
de su difunto hijo, su guitarra está posaba en el centro de la habitación, al
lado del micrófono que usó tantos de aquellos jueves de ensayo para cantar. Con
paso lento me acerco a aquel preciado objeto, lo acaricio con las manos y me
imagino a mi hermano utilizándolo para cantar, con esa voz que lo había llevado
al éxito.
Los archivos policiales fueron
poco claros, sobre que fue bien lo que pasó. Una serie de llamadas de
diferentes teléfonos celulares y otros públicos advertían de manera confusa y
con variaciones el mismo hecho. Una furgoneta blanca de patente desconocida
había lanzado en el medio de la avenida Nueve de Julio en Buenos Aires, a un
hombre completamente desnudo, herido y con los ojos vendados. Un horror para
todos lo que lo vieron ya que la confusión del momento fue muy grande. La inspectora
Gutierrez admiraba la cantidad de papeleo que ya tenía el hecho sobre su
escritorio, y eso que había ocurrido hace menos de una hora. Entre unos catorce
llamados y declaraciones en el lugar tendría que comenzar a leer y pulir lo que
realmente pasó, porque en este país a la gente le gusta mucho mentir y exagerar
los hechos con imprecisiones que pueden terminar llevando el caso por un rumbo
equivocado.
Tomo la guitarra y comienzo el
arduo trabajo de afinarla, para que luego de una buena manchada de segundos
comienzo a tocar, Juan me acompaña con la batería, Pedro, un chico de barrio
que todos los años nos acompaña en este ritual, toca el bajo y así juntos
comenzamos a formar una melodía única, al igual que cada año, una melodía
distinta para recordar a Miguel en día de su muerte, para recordar su
felicidad, para recordar aquellos años de éxito y sobre todo para rezar que
esto que estamos viviendo sea tan solo un sueño, que al despertar tengamos 20
años y Miguel siga a nuestro lado. Para pedir que él siga con vida.
La inspectora entra en el cuarto
blanco en donde el hombre tapado con una manta, sucio, herido y con una taza de
mate cocido, que aún no toco, frente a sí mismo. Lo observa con cuidado, hace
una hora y media que apareció en este mundo y no tienen ni la más pálida idea
de quien se trate, buscaron en todo tipo de archivo habido y por haber de gente
desaparecida en los últimos años pero nada. “Señor, lamento tener que hacerle estas preguntas, pero nos gustaría
saber ¿quién es usted? Y ¿Qué fue lo que le ocurrió?” pregunta la
inspectora sentada frente al hombre que tiembla solo al pensar. “¿Qué me pasó? Me encantaría poder decírselo,
los últimos días de mi vida me la pasé en un galpón sucio y frio, conviviendo
con mi proprio excremento y siendo violado por una manada de psicópatas”
dice con los ojos entre lágrimas “No
tiene ni idea lo que tuve que pasar porque gente como usted no lograban
encontrarme, gente incompetente” se abalanza sobre la mesa para acercarse a
la inspectora “¿Alguna vez le rompieron
el culo inspectora? No ni idea del dolor que se siente, después te acostumbras,
a todo, al olor a mierda, de tu propia mierda que recubre el piso, al frio en
el invierno, a las violaciones, al dolor, a todo, pero le puedo asegurar que
cada día de mi vida le pedía al señor que me matara, que me sacara de ese
infierno asqueroso en el que me tocaba vivir, llegué a dudar si aún estaba con
vida, a ellos nunca les vi las caras, usaban mascaras de chancho, así que
aunque quisiera o podría ayudar a encontrarlos. Ahora dígame, ¿cómo me van a
ayudar ustedes?”.
La inspectora se le queda mirando, por primera vez en su
vida se encuentra frente a un caso tan shockenate como el que tiene en frente,
un hombre adulto, secuestrado desde hace meses posiblemente, siendo violado por
personas con mascara de chancho, <hoy en día no se puede si salir a la
calle> piensa la inspectora intentando darle un toque de humor a la cosa,
pero sabe que es imposible, es demasiado fuerte a lo que se enfrenta. “Señor voy a necesitar que me de sus datos”
dice mientras saca un iPad de entre medio de los papeles. El hombre observa la
Tablet con desconfianza, “¿Qué es eso?”
pregunta el hombre con temor al aparato que obviamente desconoce “¿Qué cosa?” pregunta sin comprender la
inspectora “Eso que tiene en las manos
¿Van a matarme no? O ¿Ya estoy muerto? ¿Qué es eso? ¡¿Qué quieren de mí?!”
grita el hombre que está prendido al pánico. La inspectora toma su iPhone y marca el número de su
superior más directo “Señor, será mejor
que venga, tengo algo que le va a interesar mucho” corta y luego se dirige
al hombre malherido, “Señor, necesito que
me diga su nombre”.
“Mi nombre es Miguel, Miguel Ángel Posta”
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