La imagen de Carolina se refleja
en el espejo del auto, ve su pelo ondulado decaído y mal arreglado posarse
sobre sus hombros, su ropa color beige perfectamente combinada por ella misma y
su anillo de casada, un anillo que lleva desde hace más de 20 años.
Aquellos viejos momento de música,
risas y excesos variados en su vida quedaron totalmente en el olvido, y aunque
la repase todos los días no logra encontrar en que momento la desesperación
entró a su vida. Debe de haber sido cuando Miguel Ángel murió, o cuando se
acostó con Mirko por primera vez, y permitió que su semen invada todo su
cuerpo, o cuando semanas luego le mintió y le dijo que estaba embarazada de él,
cuando en realidad se trataba de un embarazo anterior con Miguel, o puede que
la desesperación haya ingresado en su mundo en el mismo momento que dijo “Sí
quiero”. No lo sabe, pero lo que sí sabe es que cada vez que sentía ese
sentimiento lo cambiaba inmediatamente por otro. Porque no hubo solo
desesperación, Carolina logró terminar la universidad y encontrar un trabajo
estable, se podría decir que siguió con su vida abandonando los pensamientos de
aquel pasado desesperado.
El vehículo se detiene en un
semáforo, Carolina se asoma por la ventanilla para respirar aire, ve el
estacionamiento de un supermercado, y en el medio una familia de clase media
baja saliendo del local con un enorme colchón dos plazas. Lo llevan hacia su
auto, un vehículo de segunda mano, viejo
y con la pintura a medio salir, atan el colchón en el techo con cinta, mientras
la pequeña de la familia festeja llena de felicidad, la misma felicidad que se
ve en los ojos de sus padres, que atan el colchón con alegría entre risas, a
ellos no les importa que su auto sea viejo, que su ropa sea fea y posiblemente
tampoco que la enorme cantidad de colores que llevan no estén combinados de ninguna
manera, son felices y punto, la alegría que se ve en sus caras, esa alegría
sincera, esa alegría Carolina sabe que jamás la tendrá, porque su alegría murió
hace años, y sabe que podría haberla recuperado, pero prefirió taparlas por
mentiras y secretos que posiblemente jamás revelará.
Pero ya nada de todo aquello
importaba, porque Carolina se estaba yendo, se iba a ir dentro de unas horas lo más lejos
posible, Colombia solo ida, y no tenía miedo de dejar a toda su familia, y es
más tenía pensado dejarle una carta a su esposo diciendo que nunca o quiso,
pero ahora que está mirando a esa familia sabe que esa felicidad también está
en los ojos de Mirko cuando la mira, y no podría ser tan cruel de blanquear
algo que los dos sabían que estaba entre líneas. El semáforo se pone en verde,
el acelerador se aprieta y el auto arranca, ella no sabe si en Colombia
encontrará la felicidad, pero lo que si sabes que se alejará de la
desesperación.
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