miércoles, 23 de octubre de 2013

Capítulo 1: Ángeles de los 80

Las luces, los aplausos, los gritos, las miradas, fue difícil acostumbrarse a todo aquello, pero lo habíamos logrado, estábamos en la cima, para serte totalmente sincero me cuesta entender todavía como empezó todo.

Mis  últimos que recuerdos de mortal son estar ensayando en el garaje de casa como lo hacíamos todos los jueves, los mismos de siempre, Miguel Ángel, nuestro cantante y mi hermano mayor, un hombre admirable, y ni hablar que hace sobre las mujeres…

Juan, el baterista, siempre le gustó la buena vida, el alcohol y el sexo eran sus mejores amigos, “Los excesos me llaman” solía decir, tenía un amor imposible por una chica del barrio, la más hermosa según él, pero no lo era, Yiyi era solamente la chica con mejores curvas, la más hermosa era Carol.

Carol, la recuerdo en aquella época y se me pone la piel de gallina, tan bella, joven y sonriente, con su melena rubia cayendo sobre sus hombros y su voz angelical, era la corista del grupo, todos la queríamos, y es inútil aclarar que desde siempre le tengo un cariño especial, pero ella no sentía lo mismo, estaba muy ocupada estando detrás de mi hermano mayor, Miguel Ángel también la tenía hipnotizada a ella.

Pero si hay que hablar de un dios en la banda, ese no era Miguel Ángel, era Lorenzo, tocaba la guitarra, era un mago con los dedos, lograba componer todo tipo de melodía sin desafinar ni una sola nota, era uno de esos músicos que nacen con el talento.

Y por último estaba yo, Mirko, el bajista, yo era consiente que estaba en esa banda porque no habían conseguido a otro, y porque mi madre lo había obligado a mi hermano a que esté. Pero al final encontré mi lugar con los demás, y los jueves se convirtieron en algo casi sagrado en aquella casi vacía.

En ese momento no éramos nadie, éramos mortales, simples, nadie nos conocía más allá de alguna que otra fiesta de 15 o casamiento, pero entonces ocurrió, ese jueves, ese último jueves que pasamos ensayando Lorenzo llegó tarde, y con su atraso llegaron noticias, nos habían llamado, querían probarnos en una discográfica, y ese fue mi último recuerdo como mortal, porque lo que vino después no se compara con nada de lo anterior.



Conciertos, fiestas, presentaciones, discos, famosos, hoteles, ciudades, aviones, luces, aplausos, autógrafos, gritos, mujeres, y sobre toda las cosas, dinero, todo el dinero del mundo en nuestras manos. Todos nosotros encontramos lo que siempre soñamos, Miguel se compró la moto que siempre quiso, y se encargó de que Carol tenga las mejores joyas, y aunque me pese también se encargó de meterle los cuernos de manera monumental. Juan consiguió todo el alcohol y sexo del mundo, y ante todas las cosas a su amada Yiyi. Lorenzo logró viajar a Estados Unidos y comprarse la guitarra con la que soñaba día y noche en su vida de mortal, y yo, o logré mi sueño más añorado, lograr que la hipoteca con la que mi padre nos dejó sea saldada y mi madre pueda vivir una vida sin presiones.


Todo era perfecto, bueno lo había sido hasta hace exactamente 15 segundos, que fue el tiempo que tarde en recorrer el pasillo del hotel hasta nuestro cuarto, intentar abrir la puerta con más de 2 botellas de champagne en sangre y encontrarme con la imagen más horrenda de toda mi vida. Mi hermano, Miguel Ángel, el cantante y estrella número uno de la banda, yacía muerto en el suelo, degollado.

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